miércoles, 28 de junio de 2017

Operación Tronco Seco

Verano de 2018. La Iglesia Cachópica va a ordenar nuevos sacerdotes en Covadonga, Gijón ya tiene todo listo para el Mundial del Cachopo en las instalaciones homologadas de la FIDMA, construidas con vistas a las Olimpiadas del Cachopo de 2020, y todos los ayuntamientos asturianos están engalanados para el Día del Orgullo Cachopero y preparan los desfiles correspondientes. Sólo la propuesta de unos radicales, la pasada primavera, de sustituir la Comida en la calle de Avilés por un cachopo compartido de la longitud de Galiana (salvo unos metros para colocar a las autoridades en la cabecera) había alterado un poco la tranquilidad de los fieles. Parecen lejanas las turbulencias de hace un año, el llamado Cachopogate. Desde entonces se han dado pasos de gigante. Incluso Ciderbank ha concedido becas a graduados en Historia para que arropen la tradición del popular plato y alguien ha logrado que publiquen su obra, donde se las apaña para vincular el origen del mismo con las gestas de Don Pelayo ("Asturias es cachopo y lo demás, carne empanada" se vuelve un dicho popular esos días). Sin embargo, nada más lejos de la realidad que esa calma aparente.


La UGO (Unidad Gastronómica Operativa, un cuerpo policial de élite) lleva tiempo trabajando con discreción en torno a asuntos de giran alrededor del dichoso plato y la publicación de sus informes va a romper ese clima tranquilo. La Operación Tronco Seco destapará una serie de sobornos y pagos en B que salpican a autoridades, periodistas, blogueros y becarios de los más diversos medios. Cuando el SEPROGA (Servicio de Protección de la Gastronomía, otro cuerpo policial de élite) se incauta de varias toneladas de cachopos congelados de carne de animal indeterminado en una nave de Noreña el tema salta a la prensa y estalla como la Descarga de Cangas.

     -Pa mí que esto ye cosa de Villa, algo quedó por ahí y sal ahora.
     -El Mudu tenía que saber algo, fijo. Pero como la Gestora no rinde 
      cuentes ni a dios...
     -¿Nun tará metíu Gabino?

La gente, desconcertada, no sabe a quién señalar. La Federación Internacional sólo se disculpa por los horarios televisivos de Master Cachopo, que desde que ha entrado en juego el mercado chino son un tanto extraños, pero aseguran que el campeonato del Mejor Cachopo del Universo está fuera de toda sospecha. No se puede decir lo mismo de la opacidad que hay detrás del Mejor Cachopo de la Galaxia, de quien nadie puede explicar nada concreto (hubo quien intentó teorizar sobre el cachopo cuántico al respecto. En fin...).

Se constituye una acelerada Comisión de Investigación en el Parlamento. El asunto es muy grave, lo exige, pero ya están aquí las vacaciones. Además, esto tiene que estar resuelto antes del Descenso del Sella, que hay mucho en juego. El PP (Partido del Papeo) se ve comprometido por la actuación de L. Barganizas, antiguo tesorero, dada su vinculación con la HOSTIA (Hostelería, Turismo e Industrias Afines) pero el PS (Partido de la Saciedad) también tiene afiliados en la misma entidad. Discuten acaloradamente a quién corresponden las iniciales D.M. que aparecen en los papeles, si al mediático cocinero Daviz Muñón, que podría estar relacionado con lo del cachopo galáctico, o -como sostiene la defensa de los procesados por este caso- a Dolores Melón, 69 años, natural de Boqueixón, que trabajó como pinche en la cocina del HUCA y cuya única actividad pública conocida desde su jubilación es participar en las sestaferias para limpiar el Parque del Truébano de vez en cuando. El juez no da mucha credibilidad a esta opción, por lo que parece. Aquí habría que añadir la interpretación de FOX, un partido minoritario, que asegura que las siglas D. M. corresponden a "Dios mediante", y que el cachopo es un asunto sagrado que debe estar por encima de estas trifulcas políticas. Bloqueada por las acusaciones mutuas la comisión no avanza. C's (Comensales) aprovecha para reclamar una Ley de Libertad de Ingredientes para el cachopo mientras que Unidos Comemos propone la regulación de las recetas participativas. 

El tiempo pasa, la temperatura sube y esto no parece que vaya a conducir a nada. Bueno, a nada que no sea un montón de publicidad gratuita que se traduce en facturación en alguna parte (¿en una galaxia muy, muy lejana?).

En fin, ahora cada cual puede copiar esto y cambiar nombres y siglas por los que más se ajusten al caso, que seguro que da juego. 

Por supuesto, este relato es ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Al fin y al cabo me voy acomodando y no tengo gana de polémica. Si hubiera querido buscar problemas no hubiese escrito sobre cachopos, hubiese hablado del vino de Cangas :-)))

Intenten ser felices, pese a todo.

miércoles, 22 de junio de 2016

La gira de despedida


Fue en mayo, primavera, buen momento, cuando se hacen los planes. Si sois aficionados a la música popular, al rock, pensad en esos grandes grupos que pasado el cénit de su carrera se resisten a retirarse pero un día... Lo que sus seguidores temían, lo que no querían admitir aunque fuera ya un hecho: se anuncia el final. Sólo que el final de un grupo así, que ya ha adquirido la categoría de mito (de acuerdo, sólo entre sus seguidores incondicionales, pero para ellos es cierto) no puede ser abrupto, no puede ser repentino. Se prepara entonces la salida apropiada, la gira de despedida.

Yo siempre preferí que la gente supiera retirarse a tiempo en cualquier actividad, que hiciera cosas buenas aunque pocas y que cambiase si podía o se hiciese a un lado, discretamente, que dejara espacio a los demás. Eso me vale en el arte y en la artesanía, en el trabajo o en la actividad social, en la política o en la vida privada de cada uno. No obstante es poco frecuente. La gente se aferrra a esa fórmula que una vez les salió bien y no quieren ver cómo se ha degradado, cómo ha dejado de funcionar. 

Retomo el símil de la gira musical. Podéis pensar en muchos grupos que se arrastran por los escenarios, que deberían haberse ido ya, dejar el buen recuerdo pasado, pero no son capaces. Podéis pensar en últimas giras anunciadas que nunca terminan, que se alargan más y más, buscando excusas para no poner el punto final. 


Y así bajo por fin de esas vaguedades a la anécdota que me ocupa, a la que dedico estas líneas. Miro a los inicios de este paso de la afición a su relato, a cuando unos cuantos asturianos (bueno, y un gallego que siempre fue de la familia) empezamos a publicar nuestras escapadas, nuestras celebraciones en torno a la comida y al vino, y empezamos a compartirlas, a meternos unos en la casa digital de los otros, a opinar sobre todo lo habido y por haber como si supiéramos mucho de ello -qué poco sabíamos de aquella, en realidad-, cuando lo único que había que saber era lo que quedaba al final: lo que nos gustaba y lo que no. Y bien, entonces nos gustaba comentar en público todo esto.

De aquel tiempo queda el buen trato entre nosotros, unos cuantos encuentros, cada vez más espaciados y con menos participantes, bastantes experiencias que precisamente por no ser útiles en sentido estricto las considero mejores, por no ser necesarias, por afectar sólo al puro hedonismo. Queda eso, que es mucho, pero no queda más. No queda porque era (y es) un aspecto muy limitado de la vida de una persona, porque el resto nos lleva por caminos diferentes. Y de su relato no queda más porque estos foros digitales tienen su propia evolución y el formato es cada vez más pequeño y menos dialogante. 

Por lo anterior y porque fuimos hijos de un momento y una moda, de lo mejor que pudo hacer la alta cocina en esos años, años de supuesta abundancia.  Seamos sinceros, nos gustaba esa cocina, alta, nueva y de moda, de listas, estrellas, premios y puntuaciones. Como para cualquiera con una afición, el día a día es modesto y está hecho de cosas habituales, tradicionales y dadas por supuestas, pero quién no aspira a tocar el cielo en lo suyo. Y como nos hicieron creer que había mucho dinero y pusieron de moda las mesas selectas llenas de menús largos y reducidos a esencia y concepto, tuvimos devoción por ellos, hicimos vigilias previas a la fiesta, largos peregrinajes en busca del gran sitio. Y los profesionales hicieron lo propio, se formaron mejor o peor, crearon -quien era capaz- o imitaron con más o menos fortuna el modelo del momento, generaron alegrías en los comedores y cobraron en consecuencia, todos conformes compartiendo el éxtasis.

Y de repente un día se acabó. No fue de repente, en realidad, pero tardamos en salir de la ensoñación y nos dimos cuenta de golpe, aunque ya llevábamos un tiempo caídos del caballo. Igual que nos habían dicho que había dinero nos dijeron que ya no lo había, que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que la fiesta había terminado. Todos estos movimientos "decretados" tienen mucho de falso para la mayoría, pero eso es otro tema que no pienso tocar aquí. En fin, de golpe se juntaron los elementos de una tormenta perfecta, desapareció el dinero -mucho- que sostenía todo aquel escenario, se nos contagió el pesimismo, nos preguntamos si aquello tenía sentido y nos replegamos.

Lo demás ya no tiene mucho misterio. Varios profesionales tuvieron que cerrar o cambiar la fórmula porque no vendían bastante, porque las cuentas no salían. Los trabajadores más cualificados se fueron quedando por el camino o buscaron otros lugares para poder seguir. Los aficionados lo tenían fácil, sólo había que volver a lo de siempre, a lo básico, a lo del día a día. En Asturias en concreto se acababan los tiempos de la NUCA, de la expansión de estrellas Michelin y de los epígonos más brillantes de aquella, y salpicaba de paso a las generaciones anteriores, de establecimientos consolidados antes de la moda y las etiquetas. Cada uno sobrevivió como pudo o cerró. La nueva cocina está muerta, aunque quizá no lo sabe. La nueva cocina de esa coyuntura concreta, porque la cocina se renueva cada cierto tiempo de manera más o menos discreta, pero sólo la de esa Edad de Oro aquí en España lució con orgullo y conscientemente ese título para definir al movimiento. Cuántos y cómo puedan continuar nos lo dirá el tiempo. 

Y mientras tanto, ¿qué fue de nosotros? ¿nos llevó por delante ese mismo vendaval? No, a nosotros nos llevó por delante lo que a todo el mundo, la vida. La vida, eso de lo que moriremos todos según se nos gaste, y que sea de la manera más feliz posible. 


Se inicia la gira


Dos del viejo grupo se ven un día, les apetece probar lo nuevo de uno de nuestros sitios emblemáticos y allá vamos. Convocatoria en marcha, se suman los que pueden (pocos) y nos vemos. Primero, las ausencias. Diversos compromisos dejan fuera a unos cuantos pero ya nos faltan ganas y agilidad para organizar otra fecha, nos la jugamos a una carta y todos aceptamos, los que podemos ir y los que se quedan fuera. Es la hora de dar nombres para que se reconozcan y para que los reconozcan los que queden por ahí de los antiguos lectores y participantes de las tertulias. Empiezan a caerse a pares parte de los convocados (Lolo y Marta, los Fartones, Manu y Eugenia, los Guajes). El trabajo no respeta días de ocio y deja fuera a Toni y a Candasu y Bea "Chocolatea". Me doy cuenta de que hasta los apodos se han quedado viejos. El trabajo tampoco se casa con las necesidades o aficiones y deja fuera a Sibaritastur. Al final nos vemos en la mesa nuestro hermano del fin del mundo, Louzán, el Diletante, responsable en buena medida del nacimiento de todo esto, un apurado Tony al que tampoco el trabajo respetará la sobremesa (con un sobrino al que quiere iniciar en esto, el único al que todavía le queda todo por delante, por decidir y por hacer), Piki "Compangu" y el que suscribe. Cinco de toda la vieja banda más un familiar. Ninguna queja del encuentro, buena comida y buen diálogo entre nosotros pero los temas... El que no estaba soltando parte de sus negocios para que no le "comieran" la vida pretendía llevarlos a otro sector y a otra parte; el que no tenía ya fecha para irse a la otra punta de la península echaba currículum para cambiar de empresa. Vamos, que será difícil repetir este encuentro en pocos años.

Final. Volvemos a ver a saltos a quien no pudo quedarse a la comida y vamos a la cita con los que no pudieron venir hasta ahora, mientras otros corren ya a atender obligaciones que les reclaman. Sensación agridulce. 

Creo que ahora se justifica la comparación, esta es nuestra gira de despedida, donde se prometían conciertos únicos y no se sabe lo que saldrá, donde se anunciaba la reunión de todos los miembros y faltan muchos, donde cada cual tiene ya demasiadas derivas personales o un proyecto de carrera en solitario. Esa gira que se sabe cuándo empieza pero no cuándo termina. Esa gira que se anuncia como definitiva y nadie se atreve a asegurar que lo sea. 

En todo caso no somos los mismos ni los escenarios se parecen ya a los del comienzo. Seré seguramente yo, por edad, el primero en cambiar, en caerme del cartel, pero para entonces que nos quiten lo "bailao", habrán quedado temas y actuaciones memorables. El tiempo pasa y pesa pero la vida se hace de cosas así. No negaremos que hemos disfrutado de ellas.


P.S. Todas las fotos, incluida la delatora del final, la que viene a continuación, el set list de ese concierto, corresponden a la comida de ese día, del que me dio la idea para escribir esto. Como señalé la comida salió muy bien, no hay relación entre la misma y el tono pesimista de estas líneas. Pero con algo tenía que ilustrarlas, así que... 


jueves, 2 de junio de 2016

Una Emoción nueva



No, no hay un error ortográfico en el título; esa Emoción no es la genérica alteración del ánimo sino el nombre propio de la fiesta del vino que más me gusta. Y estos gallegos ya empiezan a ser como los vascos del chiste, así que hacen su Emoción donde les da la gana. De tal modo que este año Tui no es en Tui, ni siquiera en territorio del estado español. Poca cosa, nada más cruzaremos un puente y nos reuniremos en Valença muchos amigos en torno a mucho vino... y lo que surja.

En fin, que obligados por las obras en el claustro de la catedral de Tui y después de muchas vueltas, de problemas, de dificultades, han encontrado el que los organizadores creen mejor sitio y se ha preparado todo para que, en un ejercicio de gatopardismo lúdico, se salve lo esencial de la Emoción.

Dejamos Tui pero no del todo, que hay alojamientos colaboradores, habrá autobús para desplazarnos a Valença y volver y sobre todo habrá esa tarde previa que se hace noche mágica, imprescindible, de encuentro informal de algunos participantes. No os engaño: egoístamente nos viene muy bien a los que vamos de fuera de Galicia. Así nació casi sin querer y ahora es parte esencial de la fiesta.

Por todo esto le toca ser nueva a la Emoción, porque tiene que cambiar de emplazamiento y de costumbres, de escenario y de pautas, cambiar casi todo para que todo siga igual, para que nos volvamos a ver tantos amigos, tantos conocidos, tantos aficionados y tantos y tan buenos elaboradores de vino; para que compartamos esos vinos nuevos, para conocerlos, disfrutarlos, comentarlos. Para que lo que hace especial a la Emoción siga intacto, con o sin "marco incomparable", ya que lo incomparable es el carácter de este encuentro, amigos antes que competidores o clientes, afición y pasión por delante de los negocios. 

La apuesta conlleva riesgos, quién sabe qué traerán esos cambios, quíén se atreve a decir a partir de aquí cómo será la VII. Por eso lo seguro es que se trata de una nueva Emoción, en variadas acepciones del término. Lo primero, lo más importante, es que ya está aquí la VI, la de este año, la vigente edición. Lo segundo es que estrena formato. ¿Será lo tercero el que algún cambio venga para quedarse? No adelantemos nada, no merece la pena. Lo que merece todos los esfuerzos es volver este año y seguir empujando desde ese domingo, cuando nos despidamos, para poner en pie la VII, ya sabremos en su momento con qué condiciones. Lo que seguirá plenamente vivo es lo que nació en 2011, vivo, no importa si crece o si se mueve, la vida es otra cosa, es más que esos cambios. Y volveremos a sentir la misma emoción -ahora sí me refiero a la alteración del ánimo- para bien, un año más, cobijado del sol en un lugar lleno de buenas gentes y buenos vinos, lo sé. 

Así que me despido diciendo hasta pronto a todas esas personas a las que volveré a encontrar allí, a las que ya espero con ganas. Nos vemos, no en el mismo sitio pero sí con el mismo entusiasmo, con el mismo deseo, con el mismo propósito. 

Salud.

 

martes, 16 de junio de 2015

A emoción dos viños, V edición



Ahora sí. Ahora ya toca anunciar EL EVENTO de junio, el acontecimiento en torno al vino que articula mi año desde hace cinco ya. Otras ediciones eran antes, sé que pasaré más calor, pero también ha sido mejor así al final, calendario totalmente disponible para la feria de vinos más heterodoxa que conozco, y por eso mismo, la que más me gusta. Podría repetir lo de siempre: la complicidad, la camaradería, el buen ambiente, amigos más que vendedores o clientes... Podría, pero no voy a hacerlo. Sólo voy a decir que cualquier aficionado al vino debería conocer este encuentro, debería ir al menos una vez. 

Dos caras que se dan -Marina Cruces y Antonio Portela- porque dan la cara y porque se dan a todas las demás personas que lo hacen posible. Un montón de nombres de elaboradores que podéis ver en la ilustración. Y un montón de nombres más que están detrás para hacer esto posible, para hacer que un año más mi verano empiece en Tui, en A emoción dos viños, que mi calendario laboral y vacacional gire en torno al fin de semana correspondiente, que mueva gente que vendrá de bastante lejos sólo para esto. Y no, no soy dado a entusiasmos excesivos pero lo de Tui me entusiasma.

Así que si alguien dudaba pero todavía puede hacerlo, que deje de dudar, que se informe en emociondosvinhos@gmail.com y que vaya. Allí nos veremos muchos amigos unidos por esta pasión y lo disfrutaremos como siempre. O más.

¿Creeréis que noto el cambio de fechas, que ya echo de menos a la gente "de A Emoción"? Vamos, ya estamos casi ahí.

Nos vemos en Tui. 

Salud.


martes, 9 de junio de 2015

EspirituGastro con los Desayunos Solidarios



No hace falta mirar mucho para darse cuenta del carácter principalmente ocioso y hedonista de este blog. Esa es la creación, el personaje. A la persona la dejo en parte fuera de esto, no la expongo en público. No obstante, todo está ahí y no es indeseable alguna vez mezclar facetas, como va a ser este caso. 

Los organizadores del V Espíritu Gastro han decidido subastar una plaza extra para aportar, con el dinero recaudado, una pequeña contribución a los Desayunos Solidarios que organiza ¿Pero quién dice que en Oviedo no hay nada? No suelo dar mucha publicidad a estas iniciativas aunque las respete pero esta vez sí voy a hacerlo, ya que me caen bastante cerca ambas cosas, la propuesta gastronómica de este sábado próximo y la labor desinteresada que facilita desayunos a niños sin hacer preguntas, sólo por voluntad de personas sensibles, sin dar vueltas a los motivos de cada una.

Así que, ya en la recta final para llegar al V Espíritu Gastro, os animo a conocer el trabajo de esa asociación y, si queréis, a ayudarles desde aquí, como complemento de vuestra afición. Disfrutamos de la comida pero no podemos olvidar que es una necesidad y cada vez más costosa para demasiada gente. Paro aquí porque entrar en ese tema me llevaría a otros argumentos y otro tono nada amables, fuera de la literatura de este blog, de lleno dentro de la realidad. En fin...

Lo dicho, todas las caras forman nuestra figura compleja. Disfrutaremos pero hay más. Ahí lo dejo para vuestra consideración.

sábado, 30 de mayo de 2015

V #EspirituGastro en 180°



Un nuevo anuncio. La agenda de junio tiene varias fechas con asuntos interesantes y uno es este. A mediados de mes, el día 13 (sábado), pero como la reserva ya está abierta y lo atractivo de la propuesta me hace suponer que se agotarán las plazas pronto, urge avisar, que no se diga.

La historia de lo que hoy es #EspirituGastro, que alcanza su quinta convocatoria, comenzó hace tiempo casi como un experimento heterodoxo para probar armonías de platos y vinos poco corrientes, no usuales, y a la vez jugar con la difusión de nuestras aficiones comunes en las pujantes redes sociales. Y tras varias ediciones con distinta fortuna, en diferentes lugares y con diversas combinaciones aquí está la propuesta para este año de Sibaritastur y TaxiOviedo, que sí, que esconden detrás personas de carne, hueso e ideas claras, pero que se sustentan tras sus activos personajes virtuales, agitadores de todo esto.

Esta vez, en Oviedo, en el restaurante 180°, con Edgar de Miguel al frente de la cocina y un servicio de gran profesionalidad, calidad garantizada en ese aspecto. Y con una apuesta incluso más arriesgada con los vinos, los llamados "vinos naturales" (que la cosa ya daría para un congreso, dando vueltas al concepto y a sus derivaciones). Pero no os preocupéis, no os lo recomiendo con la boca chica porque también conozco a parte de los elaboradores de esos vinos y sé que los aficionados vamos a disfrutar, no hay riesgo.

Así que os animo a descubrir los detalles del asunto en Facebook, a seguir allí o en Twitter a sus promotores y a quien se va sumando y, sobre todo, a apuntaros rápido. Reservad ese día, 13 de junio, disponed el mejor ánimo y dejaos llevar por la afición a la buena cocina y al buen vino. Disfrutaréis.

#EspirituGastro en Facebook

Toda la información sobre el V #EspirituGastro




lunes, 25 de mayo de 2015

Novedades entre vinos: Vino Verdadero

Después de bastante tiempo sin publicar quiero antes explicar algo. Este formato, el de blog, tal y como a mí me gustaba ya no existe, está muerto. Sin comentarios, sin debate alrededor, sin la vida real que me interesaba para esta afición. Pervertidas además tantas redes sociales, ya no sólo los blogs, reducidas a instrumento comercial (o así lo pretenden muchas personas), ha decaído mucho mi interés en participar en cosas así. No obstante, porque mi afición por los temas que le dieron origen sigue viva aunque le dedique menos tiempo, no echo el cierre definitivamente, sólo lo tengo aletargado. Uno de los usos que aún  le daré será el de tablón de anuncios. Aquí publicaré acontecimientos singulares relacionados con vino, gastronomía y viajes. Además quedarán enlaces a tales contenidos cuando proceda. 

Pues bien, el impulso al proyecto Vino Verdadero por parte de mi amigo José Luis Louzán merece tal anuncio en estas líneas. Revista sobre vinos con las cosas claras, con excelentes colaboradores, con atención también a la tierra del vino, al paisaje y a sus gentes, a viajes que nos lleven hasta todo ello. Y con la presencia de los vinos mismos, con tienda para que toda esa información se haga líquida realidad si queremos. No digo más, ahí están ya los comienzos para que los valoréis.

Salud.

lunes, 22 de diciembre de 2014

La visión de El Roto



En El País de hoy viene esta viñeta de El Roto. Soy persona de hábitos antiguos, como leer el periódico en papel o fotografiar la viñeta en lugar de descargarla. Antigua es también la escuela de vida de Andrés Rábago, El Roto. Y sin embargo sus trazos breves, su tinta sobria, sus frases cortas son trallazos, apuntan a lo más hondo y aciertan el disparo, tiene más carga de actualidad que cualquier recurso técnico moderno. Nada más ver la viñeta de hoy me captó, asumí la sentencia, es lo que pienso hace tiempo de estos medios, los blogs.

Cuántos se creyeron al otro lado del espejo, creyeron ser el nuevo periodismo, la nueva crítica, la independencia, la verdad, la pureza. Y no eran más que una sencilla opinión, mejor o peor expresada, sobre un tema que interesa al autor y quién sabe a cuántos más. Porque en el torrente de la facilidad de publicación no es sencillo que se fijen en ti ni es sencillo encontrar una línea que te interese, unos argumentos convincentes y amenos sobre un asunto que te gusta. Claro, un blog puede ser sobre cualquier cosa, algunas trascendentes, pero los que tratan sobre meras aficiones... En fin, quisiera ser tan sobrio como El Roto para plasmar mi ánimo hacia este medio ahora mismo.

Creo que el día que perdimos lo que tenía de tertulia de café, de intercambio de opiniones y sugerencias entre amigos, en confianza, pero hecho en un espacio público y abierto al que pasase por allí con una mínima cortesía, creo que ese día matamos un poco el mayor interés de los blogs. No tengo claro cuándo ni cómo fue, ni siquiera me interesa pensar en ello, sólo toca replantearse a qué dedicar tiempo y mínimo esfuerzo para compartir afición y cambiar impresiones sobre ella.

Y así, rotos, de momento seguimos a la espera, somos pasajeros en tránsito, estamos casi en un no lugar, sin poder definirnos, sin haber llegado a destino.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Asturias y Teruel, minas y museos



Estas líneas recogen más pasado que futuro, más historia que proyectos, más memoria que ilusiones pero eso no les resta valor ni importancia. No a la calidad de lo que yo escriba, claro, sino al contenido al que se refieren. 

Me voy a adelantar para ahorrar tiempo todos. Sé cuánto se puede discutir sobre energía, sé lo limitado de los combustibles fósiles, que se agotan, sé lo contaminante del carbón, sé de su tremendo impacto ecológico. También sé del peculiar entorno de algunas cuencas mineras, de cómo la riqueza temporal las alteró, incluso sé del entramado sindical a su alrededor. Sé todo eso y cuánto puede decirse en contra, sin duda. No rehuyo el debate con esto, sólo lo apunto porque voy a hablar de otra cosa y no quiero que nadie se escude en ninguna de esas razones para ocultar lo demás, lo que hoy me ocupa. Porque hoy quiero hablar de parte de lo que significó y de cómo eso está dentro aún de muchas personas. 

Para la Historia (la ciencia) queda el peso económico de la minería del carbón en su momento y la transformación social que ejerció en cada sitio. Para muchas familias queda otra historia (el relato, el recuerdo) que las ha marcado o todavía hoy las mantiene y condiciona. 


Asturias siente la mina, Asturias es minera. No tengo antecedentes familiares en la minería, sólo un abuelo al que no conocí pero trabajó en las oficinas, no en el pozo. No he bajado a un pozo real nunca. Sin embargo, creo que al igual que casi toda Asturias, llevo el carbón dentro. Aún recuerdo el gravísimo accidente del Nicolasa en 1995. Estaba con un amigo en Oviedo tomando algo sin preocupaciones. De pronto en los bares cambiaron de canal la televisión, buscaban en la radio los que tenían una, todos nos pusimos alerta. ¿Pero qué había pasado, a cuántos había pillado aquello? ¿Quedaba gente dentro? Todos nos rompimos un poco, nos emocionamos, no sabíamos qué decir ni qué hacer... Pero todos queríamos decir y hacer algo, teníamos que decir y hacer algo. Porque la minería del carbón ha marcado tanto nuestra economía, nuestra historia, nuestra vida que hasta los ajenos a ella la sentimos, la compartimos. Cada vez que uno de esos malditos accidentes sucedía -y fueron muchos- la gente cercana corría a ver qué podía hacer, buscaban afectados, consolaban a familias, se acercaban a un pozo donde no iban a poder ayudar pero del que no podían despegarse. Llegaban a poner la venda antes de la herida incluso, maldecían, culpaban a lo divino y lo humano. Lloraban de dolor, de rabia. Sacaban al pequeño héroe que podían llevar dentro, desde la solidaridad más inmediata. Iban a donar sangre al hospital o aplaudían al personal de la Brigada de Salvamento Minero (personal muy capacitado, por cierto), no sabían qué más hacer, todo menos quedar indiferentes.


Seguramente el tiempo del carbón, así, en grandes palabras, ha pasado. Son demasiados los intereses, demasiados y poco nobles, sin intención de darle oportunidad, sin intención de buscarle salida honrosa y práctica. Intereses que no obstante no tienen mayor escrúpulo para aprovechar la importación sin atender a condiciones sociales o ambientales de origen, ningún escrúpulo para apoyar o ignorar proyectos salvajes en otras partes del mundo, ningún escrúpulo para manejar caprichosamente subvenciones poniendo al carbón como excusa. 

Puede que por tanto ya tenga más espacio en los museos, como preservación de un pasado, de una memoria, que en nuestro día a día. Museos muy interesantes que existen en varias zonas mineras. Museos como los de Arnao o Samuño pero sobre todo el MUMI aquí en Asturias. Aprovecho para recomendar la visita y observar con atención lo que nos dicen. 

 
Aunque en Asturias, por su extensión y difusión, por su peso especial en la historia reciente, tenga más presencia, esa minería es significativa en cada cuenca carbonífera donde se practicó. Y tenía una pequeña deuda con Teruel, cuya zona minera visité el verano pasado, cuando me acerqué a Utrillas y al Museo de Escucha. Deuda porque ese museo también tiene mucho que contar y mucho interés pero no tiene tanta difusión o tantas visitas como nuestro MUMI, seguramente. Por eso, igual que animé antes a ver los nuestros a quien esté por Asturias animo a quien esté por Teruel a acercarse a estos y valorarlos.

Hoy no dejan a nuestras minas darnos mucho más, les van quitando peso en nuestra vida, pero no podemos olvidar que durante muchos años y hasta hace bien poco nos calentaron, nos permitieron cocinar, nos dieron de comer. Y hasta forjaron un carácter singular. Todo eso con muchísimo esfuerzo, con trabajo duro. Todo eso en condiciones penosas. Todo eso pésimamente pagado en sus inicios, que los orígenes de la minería no están en los sueldos altos, en los coeficientes reductores, en las prejubilaciones ni en el Pozu Moqueta (1), hay que leer el pasado y no faltar a la verdad. Y lo principal, todo eso -de lo que muchos nos beneficiamos- costó mucha sangre, costó muchas vidas. Así que quiero recordar ese pasado, esos orígenes, tantas luchas por que se reconociese su dignidad y por mejorar sus condiciones. Quiero recordar tantos pequeños pueblos con sus vidas cambiadas, con un antes, un durante y un después de la mina. Pequeños pueblos como Turón, al que se lo debo por raíces familiares, o como Escucha, al que se lo prometí después de aquel viaje. Para que no caigan en el olvido, para que no les demos la espalda, para que no los abandonemos. Porque el carbón tiene otro efecto que no estudian químicos ni ingenieros, hermana, crea vínculos especiales entre quienes le han tenido que pagar un precio tan alto. 

Hoy, festividad de Santa Bárbara, me parece oportuno recordarlo.


(1) Pozu Moqueta es como conocemos en Asturias a las oficinas centrales de HUNOSA.

Todas las fotos corresponden a Escucha y Utrillas (Teruel), al exterior de sus museos mineros.



domingo, 12 de octubre de 2014

Galicia, Santiago, mi casa


Muchas veces asocio mi estilo de vida con que no tengo casa en el sentido de hogar, de sitio que te acoge, donde estás a gusto, con los tuyos. Esa carencia la compenso buscando acomodo en locales públicos que me resulten amables, procurando tener buena relación con quienes los atienden, viajando a lugares que manejo con comodidad, para sentirme en casa, en la casa que no tengo. Y así mi casa estará donde abra la maleta siempre y cuando la abra con confianza. Visto de esta manera, Galicia es cada vez más mi casa.

No me cuesta nada hacer de Santiago esa parada en cuanto tengo algo más de dos días para aposentarme allí y así fue el pasado septiembre, recién estrenado el otoño. Otoño suave, que no quiso lluvia, que regaló todavía un sol tenue, ideal para pasear.

Me sucede muchas veces: planifico el viaje con mucho detalle, pienso dónde ir, dónde comer, dónde beber, a quién puedo ver... y de repente descubro que no he mirado nada de lo que está pasando entonces por allí, de lo que hay de nuevo. Total, que me planté en Santiago en plena Compostela Gastronómica sin saber que era así. 



Aunque casi no participé en actividades programadas me gustó lo que vi desde fuera. El marco del mercado de abastos, el desfile de locales destacados de la ciudad por allí para ofrecer cosas, ponencias sobre distintos temas especializados, etc. Además, varios establecimientos se animaban con sus propias iniciativas y estas figuraban en el programa aunque no fuesen "oficiales". Catas en Vide, vide, Singulario y Gastroteca SCQ son el ejemplo.

El recorrido de comidas pasó por Singulario, Acio y A Tafona, por sus menús, por su excelente oferta a precio contenido que siempre me hace pensar qué pasa en Asturias al respecto. Pasó por las primeras fabas de Lourenzá, por el último bonito y las últimas sardinas, por verduras excelentes, por higos y queso, por muchas delicias. Y hubiera podido sumar otras tantas, que quedaron en el tintero muchas buenas sugerencias. Santiago no defrauda en la mesa. 

El de vinos fue por los alrededores, protagonismo de Galicia, cómo no, pero presencia de Portugal y de Francia. Acompañaron a las comidas cosas bien guardadas, como un mágnum de Zárate Tras da Viña 2004, o apuestas seguras, del buen hacer de Alberto Nanclares. Y el desfile de copas en Singulario, todas interesantes, sin repetir ninguna. 

Y en torno al vino, encuentros y reencuentros, tramas de amistad, hasta decisiones para posteriores viajes y citas. Brindo por quien entiende así esta faceta de nuestra cultura.

Tenía dos deudas gastronómicas pendientes y pude darles solución. La primera, llegar todavía a tiempo al Lagar de Platería, en O Grove, antes del cambio de local y del giro del negocio. Tantas veces cerca sin encontrar el momento de parar allí casi me dejan sin conocer el origen. Espero que tengan suerte con su nuevo proyecto porque pasión por el queso la tienen toda. Un placer la visita.

La segunda era A Despensa do Ribeira, un oasis de vino. Porque en la parte más turística de Cambados, entre tiendas repletas de cuantos tópicos se quieran buscar, sólo unos pasos más allá, discreta, pequeña, acoge en pocos metros muchos de los mejores vinos de Galicia y bastantes más cosas buenas del resto del mundo. Hay que echar un tiempo viendo todo aquello, con cuidado, rodeado de botellas y de tentaciones, que aquí son lo mismo. 


De Santiago han hecho un imán para todo tipo de     personajes, la aglomeración congrega porcentajes      indeterminados de motivaciones, la del que busca magia, la del que consume todo lo que le ponen a su paso, la del que viaja sin más y a quien no le queda más remedio que estar. Se mezclan peregrinos, estudiantes, turistas, vagabundos, músicos callejeros, guías improvisados, los que te asaltan amablemente a la entrada de los locales para que pruebes sus productos... Es la versión urbana de la Galicia mágica de algunas ficciones. Creo que es real, que está allí, lo que no sé es si algunos de sus personajes son reales o son como un fantasma.

Yo, por si acaso, me rodeé de vivos, de aquellos que sostienen con su trabajo los locales que cité, con los que comparto afición. Ellos y dos amigos en especial, compañeros de este vicio de contar lo que disfrutamos (y lo que a veces nos cuesta), José Luis Louzán y Mariano Fisac. Comida -y bebida- en común, proyectos e incluso la visita a Betanzos, a la bodega mínima de Lorenzo Bescansa. Una grata sorpresa, pero de esa hablará Mariano a su debido tiempo, esperemos. 

La noche ya no la vivo como antes, ya no la "trabajo" tanto, me ha pasado ese tiempo. Mas los locales con algo intemporal permiten varias vidas, varias horas, así que no faltó la parada en Casa das Crechas aunque fuera más temprano. Demasiados momentos interesantes allí como para no volver, soy animal de costumbres.

Lo demás, casi como esto, previsible. Compras de vino; cafés o cervezas en los rincones que me aislan más del decorado y me acercan al día a día, aunque nunca sea del todo así; prensa local para comprobar lo poco nuevo que hay bajo su sol... Da lo mismo, no busco nada sorprendente, nada insólito, no lo busco porque estoy en casa, en Galicia.




miércoles, 3 de septiembre de 2014

Teruel



Teruel existe. Después de siete días y más de 1.600 kilómetros (excluidas ida y vuelta, claro) algo más conozco, de la ciudad y de la provincia. Vaya por delante que me gustó, que consiguió ganarme, que volveré, pese a algún recelo y a limitaciones me ha cautivado. Pero no penséis que es un plato de digestión fácil, Teruel es tierra dura y lo mismo que ellos lo pasarán mal a veces se lo pone complicado al visitante en algún momento. No obstante, espero saber mostraros algo de lo que me llamó la atención para que también os atraiga si no habéis estado allí. Vamos a ello.

La rutina diaria es diferente a la que acostumbro. Lo primero, no desayunan, almuerzan. Y ese almuerzo significa bocadillos impresionantes de varios ingredientes, botellas de vino y gaseosa sobre la mesa, platos de cuchara y lo que haga falta. Ni yo, tragón con hechuras de Sancho Panza, me atrevía con aquello. Todavía ahora sigo sin tener una buena explicación, no sé si herencia del trabajo duro de antes o qué. Y siempre salado, lo dulce tiene poca presencia. Incluso las mejores elaboraciones de confitería que encontré, las de Muñoz -que son muy interesantes-, no destacan por muy dulces.

Tampoco alimentar otras necesidades es tan fácil como aquí. En cuanto te pongas en carretera, cuidado, elementos cotidianos como gasolineras o cajeros automáticos escasean, usa los primeros que veas si crees que vas a necesitarlos. Y lo mismo para comer en ruta. Muchos pueblos no tienen apenas hostelería, un bar como mucho y no siempre hay un menú, por ejemplo. Así que tampoco en esto puedes ser muy escogido y esperar, cuando veas una oportunidad con buen aspecto aprovéchala. Además seguramente aciertas. En medio de la escasa oferta encontré bastantes menús baratos y bien resueltos, con cocina casera y cercana.


Ponerse en carretera, esa es otra. Autovía hasta Zaragoza desde hace seis años, pocos trenes diarios para los que se recupera material rodante ya retirado, incluso la equívoca indicación de un aeropuerto, la visión fantasmal de ese aeródromo con aviones que parecen de atrezo y que al final no es lo que aparenta, es una antigua instalación militar reconvertida en base de almacenamiento y mantenimiento de aparatos. Las comunicaciones aquí piden más tiempo para menos espacio, no calculéis como en otras zonas. Provincia montañosa, rampas, pendientes, curvas, asfalto descarnado en caminos estrechos, hay que ir con cuidado. Como compensación se puede disfrutar del paisaje a la antigua, perder la vista en los detalles y pararte a observar.

Clima duro, extremo, población escasa, recursos limitados. La vida cotidiana no puede ser fácil en estos sitios y no van a dedicar sus pocos medios a visitantes ocasionales, así que muchas veces observan al viajero con sorpresa, con extrañeza, pero a su modo son acogedores. Si has llegado hasta allí por algo será. Intuyo, sin saberlo con seguridad, que el resto de Aragón es bastante distinto y que incluso su primer agravio puede que sea con su vecina del norte, con una capital que quizá no atiende en todo lo que necesita a su duro sur. Pero no voy a seguir porque lo desconozco, es más una sensación vaga poco contrastada. 

Si te animas, si ves esas carreteras difíciles y     
castigadas por los inviernos como una proposición llegarás a pueblos muy atractivos, muy interesantes. Paisajes de montaña extensos, donde se pierde la vista, otros más verdes y poblados por pinos, algunas de las mayores alturas de la península. Cascos históricos con mucho que leer en ellos, sitios pequeños donde no esperan visitantes o lugares más grandes donde probablemente vuelven los nacidos allí que han ido a hacer su vida fuera. Mirambel, Cantavieja, Valdelinares, Alcalá de la Selva, Puertomingalvo, Linares de Mora, Mora de Rubielos y Rubielos de Mora; Alcañiz; Escucha, Utrillas y Andorra, tierras de carbón; Valderrobres, Mosqueruela, La Iglesuela del Cid, Villarroya de los Pinares... Y alguno más de paso que ahora me dejo. Y sí, claro, Albarracín. Pero -cuestión de gustos, de lo que uno busca- no fue lo que más me atrajo, ni la población ni su sierra. Impresionante, es verdad, tanto como lo son la explotación turística excesiva o las dificultades de su visita. No dejéis de ir porque además está bien comunicado y cerca de la capital, pero mi querencia es para el cuadrante sureste de la provincia por su paisaje y sus villas, para la zona minera porque algo especial nos vincula y para ese enclave singular del Matarraña que es Valderrobres (o Matarranya y Valderroures, que ya está tan cerca...).

En todo ese recorrido hice muchas paradas a contemplar el paisaje, que no es en absoluto monótono. También encontré alguna tienda con productos de la zona, algún bar con gracia, otros con menos, cocina casera y mucha tranquilidad, un entorno silencioso, solitario, que te deja pensar. Kilómetros sin apenas vecinos, veo lo caro que resulta atender las infraestructuras y los servicios que necesitan y entiendo lo difícil que se hace su vida en muchos momentos. Merecen algo más.

Y cada noche volvía a la capital, la menos poblada de las de España, por donde empecé y acabé el recorrido. Lo que dicen de ella es poco porque poco puede ofrecer, pero es cierto y es peculiar. Es mudéjar por su pasado medieval y modernista por el más reciente, por su momento de esplendor. Concentra muchos ejemplos de ambas arquitecturas en poco espacio aunque sea difícil verlos en calles tan estrechas, pero ahí están. Casas que se dispersan en torno a la Plaza del Torico; torres de San Martín y San Salvador, la Catedral y especialmente, San Pedro. Y los rincones que no salen en las guías, los locales humildes, parados en el tiempo y en los pocos recursos. 

Tuve tiempo para encontrar bares poco visitados por el turista, de parroquianos vecinos, aunque la parada obligada era el Pura Cepa, con algo de inquietud en la pizarra de vinos y una oferta de pinchos de tendencia actual. Por suerte para ellos este tenía el reconocimiento de gente de allí, tenía su público local además del de paso. No fue un viaje con ambiciones gastronómicas así que apenas busqué nada especial, pero el menú de La Tierreta fue correcto y a muy buen precio. Una lástima que sólo tuviesen para comer a otra pareja. 

Las compras las concentré en Muñoz, que tiene buenos chocolates y una repostería exquisita. Suspiros, Besos de los Amantes y Trenzas son estupendos, para no perdérselos.

En fin, que hice buenas migas con esa ciudad tan pequeña, que no madruga aunque se recoge pronto, que almuerza fuerte y salado pero vende buenos dulces, con sus cinco líneas de autobús y donde un taxi es algo exótico, sin distancias ni prisas.

Teruel existe, no es una fantasía, no se apoya en la ficción, es que le han faltado a la palabra, han incumplido promesas y la han dejado con muchos sueños a medias. A su ritmo, con trabajo y con calma, en su pequeña dimensión, Teruel merece más y a mí me gustaría contribuir con estas líneas a convencer de ello a más gente.





miércoles, 16 de julio de 2014

Una semana cualquiera


Julio, verano, se alteran los horarios, las costumbres. No tengo más días libres hasta agosto, nada diferente para mí (que por otro lado no quiero, no es el verano la época que me gusta para viajar ni para celebrar nada especial). 

El trabajo es lo que es, obligación, nada más. Otras dedicaciones serias se suelen aletargar en estas fechas aunque este año es un poco diferente, sí tengo que sacar tiempo para alguna. Pero todo eso queda al margen de este cuaderno de ocio.

¿Cuánto hay de rutina, de anclaje a unas costumbres, y cuánto de verdadero placer en esto? No sabría qué deciros, algo hay de cada. En fin, esto puede ser la idea de lo que dedico a nuestras aficiones en algo más de una semana, en una cualquiera... O no. Porque es quizá la última con todos mis locales disponibles, luego vienen las vacaciones, los cambios de descansos y todo eso. Porque esta tengo todavía a buena parte de los amigos por aquí, los mismos que se irán en breve de vacaciones. Porque esta acabo de llegar yo de viaje, con provisiones, con novedades. 

Yo cuento las semanas desde su final, que es cuando me interesan, cuando el tiempo es para mí. Y el final de la anterior, que es el principio de esta, puede empezar en cualquiera de mis barras habituales, por ejemplo, la del Naguar. Algún vino interesante, unas tapas si algún amigo se empeña, conversación...Repasamos mi escapada porque alguien va a hacer una parecida, así que es relato y también son planes. Planes que pasarán por sitios así allá donde van a ir.

Muy bien, este comienzo es fino, podría decir, aunque los hay más tumultuosos. Sigamos.

Algún producto nuevo, venido conmigo del viaje, desde Galicia. Otros ya conocidos aunque también de fuera, de Madrid. Reencuentros con alguno más pero comprado aquí. Me viene a la cabeza aquello: todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda. Lo primero, no en el caso de la gastronomía; lo segundo creo que no; lo tercero, seguro. Pero en esta parte ya de la película no es lo que más me preocupa, la verdad.  


Más. Más comida y bebida, claro, qué iba a ser. Bueno, no, no sólo. Es observación, casi antropología. Es charla con conocidos y amigos, aunque sea a fuerza de ser cliente. Es algo más para mí. También porque conozco a quienes están detrás. Sé qué hacen parte de su tiempo elaboradores, distribuidores, hosteleros. No les cambio su trabajo pero lo agradezco y lo respeto porque me beneficio de él. También llega a cansarme, siempre lo mismo, los mismos sitios, las mismas caras, las mismas propuestas. Ya, y yo ¿qué tengo que ofrecer a estas alturas, algo nuevo acaso? Creo que está todo compensado.

No están mal últimamente las pizarras de vinos que más conozco, tengo para variar. Ónix, La Perra Gorda o Castrillo de Duero en La Tabernilla; repite Castrillo, más La Movida o Leirana entre otros en Naguar; Gramona o Escolinas en 180.  Y también para variar me dejo llevar a algún sitio nuevo y a cocinas que no frecuento, esta vez, con buen resultado. 

México. Qué oportunidad más buena para recordar América, antiguos viajes que de verdad me cambiaron, para reflexionar sobre lo que está detrás de la cocina. O simplemente para comer bien y a buen precio, que no hay que complicarse tanto un viernes con unos amigos. Las complicaciones ya me las llevaré yo puestas a la cama; la cena, en Los Molcajetes, fue para disfrutarla.


Quería haber ido a la Semana Negra un día laborable, para evitar aglomeraciones, pero por otras tareas no tuve tiempo, qué largos se me hacen a veces esos treinta kilómetros de nada que me separan de Gijón. 

Por algo extraño, esos mismos kilómetros son más cortos por la mañana. Sí, ya sé que la Física dice lo contrario pero es así. Por lo menos lo fue la mañana del sábado, la que me recibió con mucho sol y unos cuantos
coches sugerentes, de los que me quedaría con este viejo Mustang intemporal y veraniego. Daba ganas de dar una vuelta. 

En otro coche, en el mío, volví a Viesques todavía con el recelo de los muchos años en que iba por obligación. Pero también fui muchas veces entonces a comprar o beber buenos vinos o a comer bien. Tiempos de La Tienda de Vino en su primera ubicación, de La Maleta del Loco, de El Perro que Fuma en su primera etapa... El motivo esta vez era conocer El Medio Lleno. Me gustó, local amplio, cuidado, oferta de vinos fuera de lo común aunque eso tenga un precio. Me queda pendiente probar algo de cocina pero mi final previa a la del Mundial entre un Kerpen y un Finca El Origen, riesling contra malbec, también llegó a la prórroga muy igualada, cada uno en su estilo.

En fin, esta semana que adelanta lo que trae el verano se acaba. Una terraza, una parrillada, vinos frescos; el guión lo exige. El recién embotellado Vid Vicious gana adeptos cuando lo presento y por fin resuelvo una antigua deuda con Sedella, me reconcilio con ese tinto de Málaga del que me hacían esperar cosas que no había podido encontrar hasta ahora.

¿Qué más? Cierta orfandad, la que me dejan los locales habituales cuando cierran por vacaciones, sobre todo, cuando me quedo sin el refugio último en tantos sentidos que es la sidrería Silla del Rey. Arturo se merece el descanso más que nadie pero me descoloca durante un mes. No es un local para cualquiera y menos a la hora canalla, de noche, con cierta gente que... (Para, Jorge, eso no es objeto de este cuaderno tampoco). No estará de más que me quede alguna vez en casa, y de paso puedo beber los vinos que se quejan del calor, como el Goliardo que ilustra la entrada. Además, aunque sea muy selectivo con las sidrerías, la sidra es humilde y se deja tomar en muchos sitios, no me faltará para soportar el mes.

Si alguien no le ve sentido a estas líneas le doy una pista: esto es el día a día de las aficiones que compartimos, agradable pero modesto, muy por debajo de los episodios más brillantes de viajes, restaurantes grandes, etc. Y esto además es lo que ahora se va a vivir a otras redes (Twitter y, sobre todo en mi caso, Facebook) y deja despoblado el blog. Por eso quise hacerle esta maleta de verano, para que viaje por estos días un poco más equipado. Sin más pretensión.

Disfrutad todo lo posible y descansad todo lo necesario.

 

viernes, 4 de julio de 2014

Junio



Se ha ido junio. Se ha ido y se ha llevado cosas, tantas como ha dejado. Se ha llevado, sobre todo, la primavera para dejar un verano que me gusta mucho menos. Pero no quería hablar de eso, qué va. Junio siempre es un mes importante para mí. Lo es en primer lugar porque nací en él, porque cumplo años, y eso me recuerda el paso de los mismos, me advierte que ya va corriendo el segundo tiempo hace un tanto, que ya no es hora de hacer grandes planes ni aplazar casi nada salvo lo que no quiera que llegue. Me impulsa a recapitular. Junio, lleno de acontecimientos trascendentes (y ahora hablo de los ajenos a mi persona), previsibles o no tanto, alegres o no, pero decidido este año a ser un punto de inflexión. Recordaré junio de 2014, sin duda, y no seré el único aunque sea por motivos diferentes.

Este diario también ha envejecido, pasó su tiempo asimismo. Se acabó la tertulia en él, se desplazó a otros medios y se diluyó en las prisas. Se gastaron mis ganas iniciales y he chocado decenas de veces con un entorno que hace desagradable incluso escribir sobre esto, sobre lo que creí que no me traería problemas. 

Ya no tengo tiempo ni ganas para grandes definiciones, para palabras mayores ni para especialización, lo dejo ir. El que me quede me reclama asuntos más serios -este no lo era, no lo fue nunca- y me exige los momentos que cada vez escasean más. Así que hay que soltar lastre para seguir el viaje. Con la edad se pierde fuerza y sobra peso, sólo puedo aligerar el equipaje para compensar, dejar por el camino aquello que me hace daño cargar.

Fuera de este cuaderno hay mucho más, está lo demás, lo trascendente, lo que no es amable, lo que no puede serlo. Dentro queda esta cuerda que me sujeta todavía a algún placer mundano para hacer más llevadero el día a día, asuntos menores. Y de eso voy a hablar, al paso, a saltos, en breves notas. 

El preludio lo escriben mis celebraciones de cumpleaños, claro. Con unos y otros paso por Gloria o por Güeyu Mar, por la mesa de Naguar o por varias barras frecuentes, de vino o de sidra, más elegantes o más vulgares, del populacho, de lo que soy, que nadie se engañe, sobre todo, yo mismo.

Un año más, cuatro ya, el mes casi empieza en el confín occidental, en Tui, imprescindible. Qué buena gente, qué trabajo, qué mérito. Esa noche mágica previa, ese reencuentro, el ambiente especial, hay magia. Tui, sinécdoque de A Emoción dos Viños, no merece que yo la describa, es mucho más grande, hay que vivirla. Sólo puedo alegrarme en público una vez más de haber estado allí y decirlo bien alto. 

De allí a Madrid, no al cielo, a la calle, a las calles que me gustan, a esas que ya me han adoptado y enseño a los demás como mías. Pago el tributo del turista, que la ciudad grande no perdona; me dejo llevar por la pasión de quien vive un Madrid de viaje, de paseo, de quien no lo sufre a diario, lo sé. Pero eso no me aparta, sigo disfrutando en Huertas, en Chueca, mucho más en Malasaña, cuanto más barrio y menos escaparate, mejor. Hago la ruta menos canalla esta vez, a la medida de mis acompañantes. Apartamos con los pies los restos de una coronación al pasear por el centro, buscamos altura para contemplar y nos damos a nuestros vicios: los desayunos en Toma Café, el té en Vailima, todo el encanto castizo del tiempo detenido en La Venencia, la sorpresa agradable de De Rodríguez & Salas, la suculencia y el saber estar de García de la Navarra,
la confirmación de Moratín. Buscamos lo menos visitado y nos metemos en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cuanto más pomposo el nombre más sencillo el disfrute del contenido. La Plaza Mayor, lugares históricos, lo que han hecho del mercado de San Miguel. Más restos: Palacio Real, Plaza de Oriente. Hacia Sol, y les apunto la chocolatería San Ginés para cuando llegue el frío, les doy la pista de los turrones en Mira (ya los han probado, ya les he llevado cosas), paramos ante Lardhy como ante un decorado. Otra zona, Plaza de España, poco que ver, pero una mirada a Martín de los Heros es obligada para aficionados al cine. Templo de Debod, guío hasta allí a unos portugueses, como si yo no fuese visitante también; lo que me trae aquí es asomarse a mirar al sur, que ya no es lo mismo. Como no es lo mismo recorrer La Palma entera desde Tribunal y estrellarse contra el Conde Duque, un desafortunado continente al que dejaron sin apenas contenido, una víctima de la peor política cultural que se puede hacer, con lo que pudo haber sido.

Vuelvo hacia el noroeste. Galicia es paisaje, es vino, son los placeres de la mesa y la copa, nada más necesito para caer en la tentación. Y como este año no iba a volver en pleno verano decidí no esperar, reincidir, dejar casi el lecho caliente y soñar otra vez. 

La idea era hacer la parada que no quiero evitar nunca en Santiago y luego buscar costa, vistas, relajación... Pero no iban a dejarme los cómplices ocasionales. 

Desisto de buscar la definición más precisa, no sé si amigos o qué, pero sé que allí encuentro gente que me hace sentirme en casa y eso es mucho para mí. Otra vez Singulario y otra vez vinos recién presentados, otra vez A Tafona y otra vez Lucía Freitas me sorprende con el plato más tímido, más sencillo, que crece y se vuelve el más grande, que se clava en el recuerdo y me devuelve algo de pasión por la cocina, que buena falta me hace.

Y de ahí a Pontevedra. Cuando digo que no me conviene esa calma, cuando hablo de cómplices hablo también de azar. La primera noche, nada más entrar en Bagos, el templo del vino allí, me encuentro a mi paisano David Barro cargado de vino para intercambiar con Adrián y Fernando, los demiurgos que hacen que la calle Michelena cree un universo. Más de quince botellas abiertas, golosinas que salían sin parar de la cocina, las cuatro de la madrugada... Hasta aquí puedo escribir. De acuerdo, suerte, no era momento para descansar. 

De ahí en adelante, todo confirmaciones de lo conocido o lo anunciado. 

Me encanta ver la nueva vida de Loxe Mareiro, pienso que la gente de Abastos 2.0 han hecho, además de algo agradable y una buena mesa, un relato coherente y respetuoso con lo que era ese sitio entrañable. 

La visita a Portonovo me descubre por fin ese rincón que pregonaban algunos amigos con razón: A Curva. Si os parece raro que los devotos peregrinemos a ese local tan sencillo es que o no lo conocéis o no sois devotos. El vino guarda a veces sus secretos donde menos se espera.

Y ya superados los obstáculos burocráticos, Culler de Pau me vuelve a recibir con la misma elegancia, con la misma calma, con la misma ambición. Cocina mayúscula a la que ya han llegado las guías, los reconocimientos, las estrellas y todo lo que suponen, pero que sigue concentrada en los mejores platos y en excelentes botellas. De lo mejor de Galicia casi escondido.

Cada uno de estos días tuvo otra vez su noche en Bagos, con más vinos, con risas, con conversaciones sobre esto y aquello en torno a nuestra afición. Vamos, que ningún día salí de allí antes de las dos de la madrugada, para qué más noche. 

Queda mucho en el tintero porque quiero apretar un mes denso en pocas líneas pero ya está bien, había hecho el propósito de reducir el tamaño de estas entradas, no sé por qué, pero así lo pretendía. Y sin embargo junio se me va de las manos, rebosa cosas que me han emocionado y que me gusta contar. En fin, ahí quedan apuntadas, ya pasadas, expuestas en otras redes públicas, nada que no conozca ya mucha gente, pero me apetecía juntarlas y divulgarlas, sin ningún motivo especial más allá de mi voluntad. 

Y es que a estas alturas no pretendo justificar estas líneas de otro modo, ni explicar mi propia actitud de otra forma, ya son sólo caprichos que me permito, nada más. El tiempo sigue pasando y sobre esto ni me quitará ni me dará la razón porque no es materia razonable. Por eso un día empecé a escribir sobre esta afición y no sobre las demás ni sobre asuntos más serios. Y aquí sigo, un año más, pendiente del avance del reloj aunque sin plazos.